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jueves, 7 de abril de 2011

TWITTER FULMINA A LOS EURODIPUTADOS


Fue saltar la noticia de que los eurodiputados habían votado en contra de viajar en clase turista en lugar de en business y la gente echarse al twitter como loca a dar rienda suelta a su cólera tras el hashtag #eurodiputadoscaraduras. Y no es para menos, sobre todo si se tiene en cuenta que la medida sólo afectaba a los vuelos de menos de 4 horas.
Los ciudadanos europeos están indignados y han corrido a decírselo al mundo aunque sólo sea en 149 caracteres que, total, para llamarles "sinvergüenzas" no se necesitan más. Éste es uno de los calificativos más empleados, pero me quedo con estos comentarios aparecidos en los últimos minutos: "Pobrecitos, votaron por error. Si no saben ni lo que votan, qué coño hacen allí". "Yo tengo que tardar media hora más por ir a 110 para ahorrar y ellos no pueden ir en clase turista".
Para los que estén interesados, en twitter circula la lista de votaciones de los diputados españoles, para que luego no digan que por culpa de los medios pagan justos por pecadores.
Para rematar, parafraseando a otro twitero: "Yo sólo digo que el fuego purifica..." A buen entendedor, le sobran las palabras. 

lunes, 31 de enero de 2011

¿TWITTER REVOLUCIONARIO?


Desde que estallaron las revueltas en el vecino Túnez, hemos visto una extraña evolución en el tratamiento de las redes sociales por parte de los medios de comunicación y, por extensión, de la ciudadanía. Primero fue el "twitter revolucionario", aquel que, a diferencia de Facebook, había conseguido escapar a la censura gubernamental. Todos se llenaron la boca con elogios hacia la capacidad de convocatoria y hermanamiento que habían supuesto las redes sociales. Sin embargo, pronto llegaron voces empeñadas en aclarar que el famoso tag #sidibouzid era, en realidad, mucho más utilizado desde el exterior, por lo que los tweets no constituían exactamente un reflejo de lo que estaba pasando in situ. Y ahora llega un tal Mozorov a explicarnos en su libro The net delusion (La ilusión de internet) que creer que las nuevas tecnologías expandirán la democracia es una ingenuidad. Nos cuenta, por ejemplo, que algunos regímenes autoritarios han empezado a usar internet para hacer llegar su propaganda e, incluso, para espiar a los activistas. Así se vale de Facebook para establecer la red de contactos de los principales opositores y proceder a su detención. ¿Habremos vivido entonces una ilusión o debemos seguir creyendo que las redes sociales serán el arma democratizadora del futuro? De momento, sólo el seguimiento de lo que ocurre en países como Túnez o Egipto puede acercarnos a la respuesta.